Recuerdo cuando empecé en esto de los cartones allá por 1994 a la edad de 13 años. Jugábamos sin fundas y llevabamos las cartas con una goma. Lo más parecido a una tienda de Magic era la papelería del barrio. Cuando surgía una duda la solucionabas por consenso con los amigos o preguntando a algún jugador mayor. Nuestras barajas se componían de un número aleatorio entre 40 y 100 de cartas en dos colores, la mayoría comunes y rara vez más de dos copias por carta. Lo más que podíamos aspirar los de mi quinta era a un Sengir Vampire de 400 pesetas (menudo berrinche el día que me robaron uno). Todos temíamos al Basilisco con su Lure, y si jugabas con Channel y Bola de Fuego la gente directamente no quería jugar contigo.
Para los cambios no sabíamos el precio de las cartas, y en la mayoría de los casos ni siquiera su rareza. Era un gustazo ir a cambiar con los mayores con 50 cartas y regresar con 500. Luego mi hermano mayor me echaba la bronca y yo no entendía el porqué. Todo eso se acabó con la salida de una revista que marcaba el precio y rareza de cada carta. Su nombre: Urza. La mayoría manejábamos fotocopias, pues sólo unos pocos privilegiados capaces de "viajar" 25 kilómetros hasta Madrid a tiendas especializadas como Arte 9 podía comprarla.
Eran tiempos difíciles. Las planchas de Cuarta Edición trabajaban a todo trapo en la versión en inglés, con borde blanco, y la versión en español, por primera vez, y en borde negro. Yo, iluso de mí, preferí seguir comprando las cartas en inglés (borde blanco) porque era en el idioma en el que había aprendido a jugar y en el que conocía el nombre de las habilidades y mecánicas. Cuando salió Cuarta Edición en español en borde blanco, el precio de las cartas con borde negro se disparó y ahí es donde ví mi error.
La salida de Cuarta Edición trajo un importante revuelo entre los jugadores mayores, ya que muchas cartas habían sido eliminadas de la colección básica. Algunas de ellas por ser demasiado poderosas, como las ya de por sí caras tierras dobles. A mi me daba igual, las veía útiles, pero no como para gastarme la paga de un mes en una de ellas, y donde estuviera un Dragon Shivano que se quitara lo demás. El cambio que más me llamó la atención fue una carta que había sido retirada por resultar demasiado erótica: Earthbind. ¿?
El punto de encuentro habitual eran unos salones de los que disponía una asociación rolera de mi localidad los fines de semana. Andaban sobrados de espacio y nos dejaban jugar a las cartas allí, por no decir que alguno de ellos era también aficionado a los cartones. La cosa iba bien y en aumento, aunque no se hacían torneos sabías que no te iba a faltar gente con la que jugar y testear. No se si fue por el increible aumento que experimentó la comunidad magiquera, saturando todo el espacio, o que los propios miembros de la asociación comenzaron a aficionarse a Warhammer y necesitaban el espacio que antes les sobraba. El caso es que al final nos explusaron a todos los jugadores de Magic y nos quedamos sin sitio donde jugar, al menos por una temporada larga.
Durante ese periodo seguíamos jugando, pero sin salir de casa. Después de dos o tres años, empezabamos a flirtear con chicas y a probar otros vicios prohibidos como el alcohol o el tabaco. Por aquel entonces abrío una tienda especializada llamada Epsilon en mi localidad, y la antorcha volvió a encenderse. Descubrimos que Wizards había creado tres formatos: Tipo 2 (estándar), Tipo 1 (vintage), Tipo 1.x (extendido) y Tipo 3 (Sellado). En los círculos más oscuros jugaban además un formato llamado Booster Draft, que en seguida fue cobrando gran aceptación. Nuestra elección fue sin duda Extendido, pues era ideal para jugadores "veteranos" como nosotros, pero que no teníamos acceso a cartas caras como el Pack (creo que las tierras dobles también estaban prohibidas).
Descubrimos que se había creado la alta competición e incluso había un campeonato del mundo. Las barajas más jugadas ya no eran "sugerencias de revista", sino barajas con probada efectividad en el terreno competitivo. Mi elección fue hacerme una barata Suicide Black más o menos con este listado.

4 Carnófago
4 Horror oculto
3 Espectro Hipnótico
3 Asesino Dauti
2 Horror Dauti
4 Ley diabólica
4 Luna maligna
4 Sarcomancia
4 Dark Ritual
4 Fuerza Impía
4 Desenterrar
2 Oath of Ghouls
18 Pantano
No era una baraja demasiado óptima incluso para la época y contiene algunas contradicciones. Pasábamos las tardes compitiendo en la tienda y, si bien al final siempre se llevaban los premios los mismos, nos divertíamos de lo lindo jugando. La verdad es que la baraja negro/verde que juego actualmente en Legacy no es muy distinta de aquella.
Entonces vino el cataclismo. Había una baraja que dominaba el formato de forma descontrolada, que arrasaba allá donde iba y los jugadores más expertos temblaban al oir su nombre: Necropotencia. Por suerte para muchos Wizards decidió tomar cartas en el asunto y pararle los pies a la infernal baraja. ¿Banearon la Necropotencia? No. Eso sería demasiado obvio, y atraería las quejas de los jugadores que jugaban la baraja, que no eran pocos. En su lugar prefirieron quitarle poderío baneando el Dark Ritual y ya de paso cargándose todas las barajas mono-negras, incluída la Suicide Black que me había costado meses completar.
Pero eso fue el principio del fin. El mayor varapalo nos lo dieron introduciendo las rotaciones en Extendido, cargándose ya no las mono-negras, sino todas las barajas buenas del formato. Los jugadores actuales de Extendido ven las rotaciones como algo normal, pero en aquel entonces era algo que nadie se esperaba, que nadie o casi nadie quería y que sólo dejaba Vintage como alternativa para jugar sin renovar todas nuestras cartas; y ya sabemos que jugar Vintage con una baraja de Extendido en la mayoría de los casos, y más aún en la época, es como querer romper una pared a cabezazos. Muchos dejamos de jugar y Epsilon tuvo que cerrar unos pocos meses después.
Pero años más tarde soplaron nuevos vientos, y apareció Legacy, como el Extendido que nunca debía haber rotado. Además ahora trabajamos y podemos permitirnos más lujos y mejores cartas. Muchos hemos aprovechado para desempolvar nuestras cartas...
Epílogo
La razón que me ha llevado a escribir este artículo no ha sido una necesidad imperiosa de contar mi vida, que también, sino el hecho cada vez más común de la tendencia a menospreciar a esos jugadores alevines que dan sus primeros pasos en el mundo magiquero. A veces me pregunto cómo viven ellos la experiencia de jugar a Magic, si tiene remotamente algo que ver con lo que fue la nuestra. ¿Qué se les pasará por la cabeza cuando vean una carta que tiene más años que ellos? Creo que muchos tendrán la sensación de haber llegado tarde al mundillo. La misma sensación que siento yo por ejemplo con la informática, que mi primer contacto con un ordenador, un Amstrad CPC, fue cuando la época dorada del software español estaba en declive y pasé mi adolescencia entre pantallazos azules de Windows 95. Pero esa ya es otra historia...
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